Nadie me enseñó como debía ser, yo nunca aprendí, entonces el espejo me decía:
¡MATATE! ¡MUERE! ¡¿POR QUÉ NO LO HACES YA?!
Lo que tú no sabias, espejo, es que yo había comenzado a envenenarme. No era culpa de los demás, ni tuya. Fue entonces cuando me di cuenta que era yo misma quien estaba intentando destriparse en frente de su reflejo.
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