Me sentía perdida en la penumbra de la noche, la tenebrosidad que solía conocer como ninguna otra, el espacio reducido habitual, y mi cama vacía, mis pies se congelaban, ojala hubiesen sido mis pies sino mi corazón el que se entumecía, entonces busque su silueta entre mis sabanas, sus brazos y sus labios, pero me di vuelta y no había nada, y me perdí, me perdí entre lágrimas, y entre la música que utilizaba de analgésico, que antes de él empleaba, me perdí, cuando de verdad, quería desvanecerme en el vacío oscuro.
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