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Bienvenido a mi raciocin
io perdonen mi intromisión

Un día como (ayer)


Mis vísceras rugían. La molestia no habitaba en mis entrañas, en el apetito o en la sed. Habitaba en el verbo, en el “no poder”. La frustración no se localizaba en las horas libres sino en el intervenir el tiempo con quien no pretendes. El ahogo no lo encontré en la meteorología sino en la soledad que se componía al saber que su cuerpo estaba lejano al mío. El miedo no era no poder amar lo bastante, el desasosiego era que se resignara a dejarme partir de nuevo.

La angustia era tropezarme conmigo misma sentada en la banca frente aquel lago en el que infinitas veces fantaseé mi propio cuerpo abrigado por el agua, deseando escapar de casa para llegar a la suya, o sentarme para imaginarme crecer como un árbol, para luego dejar que mis hojas se conmovieran con el viento, para obstaculizarme mirar atrás o ciertamente para revelarme si yo era entonces muy joven para amar de verdad.


Y de nuevo mi bicicleta no tenía compañía.

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