
En el vaivén de los aviones que vuelan y se van; Mis músculos olvidan que es abrazo y la unión,todo comienza a desvanecerte para convertirte en una imagen plana. Tan lejos de mí, ya ni siquiera siento la miseria terrible de que no estés aquí. La felicidad se disipa mientras mi cuerpo cambia sus formas. Mi pelo crece en la larga espera, lo trenzo de recelos y dudas, celos y a veces me enredo en su cabellos de locura. Frente a mis ojos te hallas a menudo, entre mis sueños a media noche y al despertar, no vives, mueres entre las sabanas que me refugiaron. Te suplicaría a gritos que volviéramos a empezar que rebobináramos el tiempo para vivir todo de nuevo, para poder aprender a enmudecer y gritar cuando se precisaba. Mi vida toda la puse en tus manos, y se chorrea por entre tus dedos, el frasco que almacenaba a quien era yo, se quebró, para abandonarme y caer al suelo, inmediatamente, después del tiempo eterno que perdí llorando. Tengo pánico, nunca le deje ver a nadie, el temor a aquel compromiso perpetuo de ser un aderezo en casa, en perder mi turno nuevamente, para ser desechada luego, cuando no valga más.
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