Al borde del abismo, como un pájaro me gustaría extender mis alas y sobrevolar. En cambio elegí permanecer en tu crucifijo. Podría arrancar, ser yo, volar, por fin volar a mi modo, sino fuera porque te preferí. Firmé un compromiso interminablemente, un deber que sujeto al conferir mi corazón de ave. Los nuevos vuelos me ilusionan, quisiera ahorcar los hábitos, sentir mis alas desarrollarse, pero cuando me he dado cuenta; mis pies se encuentran amarrados a los tuyos, las plumas se descosieron desde la raíz y ya cuando es muy tarde, sin darme cuenta, tú me has negado mis alas. Y logró algunas veces el cuervo disfrazado de paloma; confundirme, para comer mis ojos mientras me encuentro en agonía, él me entrega mis alas, conlleva mis sueños, sueños que sólo él y yo compartimos, que en tu refugio nunca alcanzaría. Simplemente, porque tú, tú me quitas mis alas.
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