Eran imágenes mentales que yo cree.Tenía todo lo que quería, más de lo que merecía, más de lo que pedía, pero mi cara no supo sonreír. Eran aquellas horas en que la soledad me volvió miserable. Era un gato encerrado. Era un árbol sin frutos. Al ritmo de la música, en la oscuridad de la noche me vi obligada a ingeniarte cerca mío. Compartías mi cama y nunca prestaste atención, a mi almohada nadando en la oscuridad, flotando en el lago de mis propias lágrimas. Bramidos silenciosos. Nuevamente eran besos sin sabor. Horas despilfarradas y estás fueron palabras que quizás nunca leíste. Horas que me desvelé, apeteciendo ser como tú querías que fuese. Quería ser ideal, quería valer la pena. La comezón en el cuerpo, mi amargura, mi vacio me corroyó la piel aquella noche. En el baño parada frente a mí misma, mi cuerpo desnudo se comenzaba a enfriar. Mi reflejo se desvaneció para leer en el espejo la palabra A D I Ó S. Tomando el avión. Fue aquel encierro, aquel día viernes frente al computador, en esa casa que creíste nunca sentirte sola. La casa estaba vacía, V A C Í A. Y nadie te notó, sumida en los demonios de tu cabeza, en una del las noches más silenciosas de aquel verano que nunca, N U N C A viste llegar.